Ese día no fue un día más en nuestra queridísima
localidad de Santa Catalina, no se esperó a la finalización de ese
campeonato uruguayo como los demás, donde un 50% de la población estaba
contenta y el otro triste. Esta vez la culminación del campeonato se
esperaba ansiosamente, haciendo votos para que Defensor fuese el
campeón. Debido a que en ese gran cuadro que había formado esta
Institución se encontraba un hijo de este pueblo: conocido por todos como
el vasquito Cáceres. Ese muchacho que había partido unos años
antes con un bolso lleno de ilusiones, ese día se metía en una de las
fechas más recordadas del fútbol uruguayo. A pesar de ese día glorioso,
tuvo una participación sobresaliente que sumó un gran paso al título,
cuando en la penúltima fecha, se disputaba un partido trascendental, ya
que si Defensor ganaba quedaba a sólo una fecha de la obtención del título
y el contrario de ese momento Fénix debía ganar para no descender.
Al finalizar los primeros 45 minutos de este partido, empataban a un gol
por bando y en ese momento el Director Técnico Profesor De León concedió
la entrada al vasquito y en su primer contacto con el balón con una
bolea de zurda convierte un espectacular gol, quizás uno de los más
importantes del certamen. En ese mismo instante, el relator Víctor Hugo
Morales por Radio Oriental, resaltaba que ese gol había sido convertido
por ese muchachito de Santa Catalina. En el partido final Defensor rápidamente
se puso en ventaja con goles de Santelli y Cubilla. Corrían 38 minutos
del segundo tiempo, y es ahí donde descuenta Rentista y en ese momento el
profesor mandó a la cancha al vasquito para que derrochara sus
energías en esos últimos minutos y así conquistar el tan ansiado título.
En la última jugada del partido se da un corner a favor de Defensor el
que sería ejecutado por él, y en ese momento se le acerca Cubilla y con
un gesto tranquilizador le toca la cabeza como diciéndole: pibe este título
ya es nuestro. Y yo me pregunto ¿qué habrá pasado por su mente en
ese instante? Quizás pensó en aquellas veces que lucía la camiseta de
Santa Catalina y soñaba poder ser protagonista de un momento así al lado
de uno de los más grandes ídolos de nuestro fútbol. Y se vino la vuelta
olímpica, la invasión de la hinchada, la cual quiso sacarle la camiseta,
a lo que él respondió: no, esta camiseta es para mi pueblo. El
lunes cuando fui a la escuela, me encontré con que los niños de las
clases superiores estaban en una ronda en la que uno de ellos comentaba:
¿viste que el vasquito Cáceres salió campeón uruguayo? A lo que otro
respondió: Sí, es el hijo de Elsa y del vasco (aquel gran arquero
de Santa Catalina en las décadas del 40 y 50). Otro agregó: Así, es el
hermano de pata y Rosario. Al alejarme pensé que en ese patio
muchas veces él habría jugado algún picadito y en otros momentos se
habría mandado alguna diablura y que seguramente doña Tita tuvo
que llamarle la atención. Y este muchacho que había nacido en este
pueblo pasaba a convertirse ahora en el ídolo de todos los catalinenses.
Esta historia fue redactada por Sergio Ponce
basándose en archivos de su museo de fútbol y dando libertad a su imaginación, ya que cuando transcurrió
este suceso sólo contaba con 7 años de edad.